venres, 14 de outubro de 2011

Una película abre las fosas comunes de Irak


'Son of Babylon' narra el viaje a la memoria de aquel país
GREGORIO BELINCHÓN - Madrid - 09/10/2011
En contadas ocasiones, es el cine quien influye en la vida y no, como es habitual, al revés. A inicios de esta semana, en una sesión especial, el Parlamento iraquí asistió a la proyección de Son of Babylon, que algunos diputados ya habían visto: fue la película que representó a Irak en los Oscar del año pasado. Al final de la sesión, los parlamentarios decidieron crear una comisión interministerial que investigara las fosas comunes creadas por Sadam Husein. "También se les encomendó el encargo de averiguar por qué no se ha usado el ADN para identificar los cuerpos. Hay miles y miles de cadáveres sin familia, y viceversa". El director de Son of Babylon, Mohamed al Daradji (Bagdad, 1978), cuenta en primera persona este giro político porque estuvo allí. A la vuelta a su casa en Londres el cineasta paró 24 horas el viernes en Madrid, lo suficiente para atender algunos medios, ya que ese día se estrenaba su película en España.
Son of Babylon describe el viaje de norte a sur de Irak en 2003 de una abuela kurda y su nieto de 12 años —que le sirve de traductor— a la búsqueda del hijo de la primera, padre del segundo. Visitan las cárceles del dictador y acabarán buscando en las fosas comunes, donde algunos analistas calculan que se enterraron hasta 300.000 cuerpos. "No es una road movie del sufrimiento, sino un viaje de descubrimiento de Irak. No creo que solo haya sufrimiento, hay también esperanza y una reflexión sobre cómo debemos lidiar con nuestro pasado para afrontar el futuro". Desde el principio, Al Daradji supo que la película debía acabar en esas tumbas. "Estaba en Bagdad cuando aparecieron las fosas, entre las ruinas de la antigua Babilonia, y me impactó la noticia. Entre los restos de una civilización, la muerte de otra. Llamé a mi tía, que perdió a mi primo Alí en esas fosas —y nunca lo hemos encontrado—, y como siempre, estaba llorando. Esa sensación de lloro eterno de la abuela de la película me la inspiró mi tía". La idea de que fueran kurdos le sirvió para que el dolor fuera iraquí, "y no solo árabe". Incide en este hecho: "Además añade dos notas: la inferioridad de los kurdos en mi país y la incomunicación y la soledad de esa mujer en un mundo que no le entiende". Excepto en una soberbia secuencia en las fosas, en la que sobran los idiomas para comunicar los sentimientos. "Por eso contraté a gente que nunca había actuado. Da el tono realista. Y sí, pagué más a las mujeres que a los hombres que aparecen en pantalla, porque ellas y los niños son los grandes perjudicados. Más aún, esa mujer, la abuela, Bashir al Majid, pasó cinco años en la cárcel, perdió allí a un bebé, su marido lleva desaparecido 22 años, y ella testificó en el juicio contra Husein, separada del dictador por una cortina. En algún momento del filme, no actúa, vive".
Al Daradji va y viene de Londres a su país. Investigó mucho para la película, conoció a un montón de mujeres. "Me siento de los dos mundos. Es cierto que he estudiado en mi país, en Holanda y en Londres. Pero mis películas [la primera, Ahlaam, también se estrenó en España] son en scope, tengo un ritmo europeo, nada ralentizado y me inspiran las viejas pinturas coloristas de las iglesias católicas europeas".
¿Lograrán enderezar los iraquíes el rumbo de su país? "Mira, antes de la proyección tenía dudas; con la creación de la comisión, puede que esté más esperanzado. Depende de qué día me preguntes te responderé de manera distinta. Pero no serán estos políticos, enfrentados en guerras incluso dentro del Gobierno, sino las nuevas generaciones. Y la educación. Solo una buena educación nos salvará".

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